Por la Política del bien común, y contra la marrullería…

Se suele hablar de que la Política debe obedecer a la doctrina de que “fue creada con el fin de ayudar a las personas a administrar sus bienes y recursos, con el fin de garantizar el máximo aprovechamiento de estos y su optimización, para configurar un estado cuyo desarrollo sostenible sea favorable“. Esto indica que la prioridad para cualquier persona que se dedique a ella debe tener como principio fundamental anteponer el bienestar de la ciudadanía a sus propios y particulares intereses…

 

La realidad palpable es bien diferente. Siempre hay quien confunde la velocidad con el tocino. Quien entiende la política como una profesión donde “todo vale” con tal de mantenerse en un puesto, o de causar un daño al adversario aunque en el camino el auténtico perjudicado sea el ciudadano de a pie…

Esto se comprueba en todos los órdenes: desde la política local, donde el “llevar la contraria” al Gobierno pueda llevar a la sinrazón de paralizar pagos de servicios básicos o de no querer reconocer deudas contraídas en el pasado por los mismos que las niegan ahora (para ejemplo, la oposición de la ciudad de Telde estos días), hasta la política a nivel nacional  o estatal. Siempre hay quien se niega a todo sin atender a la más mínima razón lógica…

 

Esto demuestra, a las claras, que no todo aquel que se dedica al “noble arte de la política” (llamado así debido a la doctrina mentada más arriba y a la que debe obediencia), sigue sus dictados al pie de la letra. Estamos en la época del “¿Qué hay de lo mío?”, del buscar beneficios particulares frente al bien común, del buscar “escalar posiciones” pisoteando al que se encuentre por delante, tanto da que sea un adversario político o la ciudadanía a la que se debe

 

A nivel del Estado también comprobamos cada día cómo se pisotean unos partidos a otros aunque eso signifique despreciar en el camino al ciudadano: “Si tú intentas sacar adelante un proyecto yo no te apoyaré aunque luego presente otro casi idéntico pero que lleve mi nombre por delante”. Si saco una Ley que no convence a nadie me mantendré en mis trece aunque el resto demuestre su sinsentido

Son estas actitudes las que mancillan la actividad política y las que originan el desapego de la ciudadanía. Las que hacen que se considere que “todos los políticos son iguales” aunque no sea cierto en absoluto. Lo que ocurre es que a cualquier ciudadano de a pie que no siga con cierta asiduidad la actividad política le será difícil fijarse en las buenas acciones, mientras que reparará de inmediato en las marrullerías o en las maniobras que le puedan afectar de forma negativa.

 

El ciudadano necesita políticos que prioricen el bien común, que tengan bien claro que su función es servir al pueblo, tanto al que les ha votado como al que no. Buscar soluciones a los problemas de la gente. Tener auténtico espíritu de servicio. (Que los hay).  Los que simplemente buscan un acomodo, un beneficio económico o lograr un cierto nivel para beneficio propio, realmente sobran en política y el pueblo, más pronto o más tarde, se dará cuenta de ello…

 

Lincoln dijo: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo. Se puede engañar a algunos todo el tiempo. Pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.” Algunos deberían tener esto en cuenta…

 

 

 

 

 

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Acerca de Angel Rivero

Ciudadano teldense preocupado por lo que pasa a mi alrededor. Angel Rivero
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